Una tarea para un nuevo año

Miguel Ángel Moreno

Son apenas doce uvas, y ya te has dejado otro año atrás. Llega un momento en la vida en el que los años no pasan, te atropellan. Cuando te quieres dar cuenta, se te ha escapado otro. Gracias a Dios, por supuesto, pero con una sensación de vértigo, de vivir en un tren acelerado en el que eres, al mismo tiempo, el pasajero del último vagón y el maquinista que no para de echar carbón a la caldera.

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Inicia sesión para desbloquearlo.

Categorías

Reciente

El peregrino ruso

Saludos entrañables a los amigos de Icono. Estamos a...

La complejidad del deseo humano

Hay derrotas que no dejan huellas visibles. Ocurren en...

El arquitecto que me hizo pensar

Tuve la oportunidad este verano de visitar unos días...

¡que llega el otoño!

Estamos ante la llegada de una estación controvertida que...

Newsletter

spot_img

Otras historias

¡Qué listo era Jesús! Tres besos nos pide

Dice San Juan en su epístola: “A Dios nadie...

El peregrino ruso

Saludos entrañables a los amigos de Icono. Estamos a...

Vivir sin ruido

La contemplación tiene una capacidad inédita de transformación. El...

EL DIVORCIO GRIS (“BABY BOOMER”)

Antes de hablar del tema que da nombre a...
spot_img

El peregrino ruso

Saludos entrañables a los amigos de Icono. Estamos a finales del mes de agosto cuando escribo estas letras, con un calor que atormenta. La...

La complejidad del deseo humano

Hay derrotas que no dejan huellas visibles. Ocurren en la intimidad de una habitación, delante de una pantalla que va a apagar unos minutos...

El arquitecto que me hizo pensar

Tuve la oportunidad este verano de visitar unos días Barcelona. Era obligada la visita a la Sagrada Familia tras la presencia y bendición de...