Podéis ir en paz

Amalia Yrizar y Borja Muñoz

Con estas palabras los cristianos damos por terminada la eucaristía y volvemos al “mundo real”. Aún recuerdo cuando, de niños, respondíamos con “demos gracias a Dios” aliviados porque había terminado la misa y podíamos volver a jugar. Pero últimamente esta despedida del sacerdote nos está haciendo reflexionar sobre la profundidad de esas palabras con las que, casi sin pensar, salimos de la iglesia y retomamos nuestras rutinas. ¿Afrontamos la vida en paz? ¿Cómo podemos vivir “en paz” cuando el mundo nuestro alrededor está plagado de hostilidad?

Precisamente en este contexto es cuando más sentido cobran estas palabras. Tal vez pensemos en la paz a gran escala —el fin de los conflictos armados, de las pugnas políticas— y concluyamos que no está en nuestras manos. Pero si realmente saliéramos de la eucaristía “en paz”, seríamos más felices. La paz de Jesús, la que nos proporciona la comunión con Él, debería generar en nosotros un perdón auténtico de todo aquello que nos hace estar a disgusto con nosotros mismos y con los demás. No podemos responder a la despedida del sacerdote dando gracias a Dios por esa paz y volver a casa a retomar una discusión o a echar en cara con rencor una ofensa del pasado. Si todos “perdonamos a los que nos ofenden”, tal y como pedimos en el Padrenuestro que Dios perdone nuestras ofensas, podríamos ir en paz y, sobre todo, generarla y diseminarla.

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