La devoción a la Virgen del Perpetuo Socorro en Almoradí, en plena Vega Baja del Segura, no comenzó con una tradición antigua, ni con una aparición, sino con algo más íntimo y profundo: un milagro doméstico, un gesto de fe de una madre desesperada
Una historia que nace de un milagro: primera etapa (1919-1936)
Corría el año 1918 cuando el pequeño José Carlos, hijo de los marqueses de Rioflorido, cayó gravemente enfermo de pleuresía. Los médicos lo daban por perdido. Su madre, Dña. Amparo Fontes Pascual de Riquelme, movida por la fe, pasó un pequeño papel de seda por la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro. A partir de ese instante, el niño comenzó a mejorar de forma inexplicable. La familia lo interpretó como un regalo del cielo.
Agradecida, Dña. Amparo prometió fundar en Almoradí la Archicofradía del Perpetuo Socorro y promover su culto como acción de gracias. Y cumplió. En 1919 la Virgen fue entronizada solemnemente en la parroquia de San Andrés, y en 1921 la Archicofradía quedó agregada a la de Roma con el número 1173. Aquellos primeros archicofrades trabajaron con entusiasmo, creatividad y una fe contagiosa. Sin embargo, la guerra civil interrumpió aquel impulso y destruyó el primer altar e imagen.