Los que no creen en el infierno basta que se den un paseo por Ucrania o por Irán para convencerse de que el infierno existe. Para afirmar la existencia de estos infiernos no hace falta ninguna fe, porque estamos ante una evidencia. Estos infiernos son creación del hombre, no de Dios. Porque Dios es un Dios de paz. Como bien ha dicho León XIV no hay guerra santa, mal que les pese a los pastores evangélicos que, si las fotos no engañan, se diría que avalan la guerra de su todopoderoso presidente. Lo santo es la paz.
La política es muy compleja. Hay gobiernos con los que se puede estar en desacuerdo, pero el desacuerdo no impide vivir con normalidad, esperando que haya elecciones y que se compruebe si el desacuerdo es mayoritario o minoritario. Pero hay gobiernos que conducen a la ruina a sus países, que oprimen a sus ciudadanos, que no toleran la crítica ni el desacuerdo. O sea, gobiernos corruptos que impiden a la mayoría de la gente vivir con normalidad. No hace falta decir nombres.