Numerosos países en vías de desarrollo enfrentan severas crisis de deuda externa, frecuentemente adquirida como consecuencia de una arquitectura financiera internacional percibida ya como perversa, injusta y obsoleta
Una situación insostenible
La responsabilidad es compartida: los gobiernos deudores han contraído deudas cíclicas, mientras que los acreedores, movidos por la ambición, han proporcionado financiamiento excesivo. Después de la crisis económica de 2008 todo el mundo entiende lo catastrófico de esta lógica financiera.