sábado, 28 febrero 2026

Una oración que se viste

Déjenme este espacio para que les comente una pequeña obsesión que me acompaña los últimos meses. Desde hace tiempo veo jóvenes que me invitan a rezar y a tener fe. Los encuentro por todas partes: en la calle, en el metro, hasta en la playa. Aparecieron de repente, y no puedo dejar de cruzármelos por todos los sitios a los que voy.

Bueno, realmente ellos no son los que me invitan a rezar: lo hacen sus sudaderas. Es posible que las hayan visto. Son esas prendas con capucha que pueden llevarse anchas, tan típicas de la cultura urbana, normalmente de colores oscuros. En ellas puede verse una imagen de una persona juntando las palmas de las manos en actitud de oración y una única palabra por debajo: “pray”. Reza.

De tanto encontrármelos, acabé descubriendo que entre ellos estaba uno de mis sobrinos. Después de meses sorprendido por el auge de esa prenda, no dudé en preguntarle: ¿de dónde había surgido la sudadera? ¿Qué gran movimiento había conseguido convencer a todos esos jóvenes para hacer apología de la oración día y noche? La respuesta no pudo ser menos entusiasmada. “No lo sé, a mí me gusta”, dijo mi sobrino con esa forma tan inequívoca de expresar sin palabras que no hay nada más que hablar que tan perfeccionada tiene cualquier adolescente.

Sin respuestas de primera mano, me lancé a la investigación: la marca en cuestión, de venta en una gran cantidad de páginas web de comercio electrónico, parecía una empresa textil estadounidense, pero en una búsqueda posterior acabé encontrando que su origen real es una empresa alemana. Esta compañía parece, a juzgar por su información pública, que está especializada en generar marcas como churros, así como crear prendas para grupos de música, e incluso generar enseñas nuevas a petición de cualquier cliente. Ningún movimiento religioso secreto ni conspiración orante estaba detrás. Pura industria textil al por mayor.

Y, sin embargo, ahí están todos esos ‘pray’ caminando por las calles. Insertados en las sudaderas y camisetas de nuestros jóvenes. Esperando al momento en el que quieran imitar el gesto de la fotografía que llevan sobre el pecho, quizás, para descubrir algo distinto. A lo mejor incluso lo han hecho ya, y el que no se ha enterado soy yo.

Me gusta pensar que en cada joven que se ha comprado esa sudadera hay una oración en potencia. Una generación como la suya, que ha decidido dar la batalla por la salud mental y el cuidado del tiempo privado frente a la hiperproductividad, ¿podría ser también la que redescubriera el valor de la oración en un mundo acelerado?

“El que no está contra nosotros, está a nuestro favor”, decía Jesús. Cualquier ocasión es buena, incluso insertada en la estética de una sudadera, para hacer de la fe y la oración algo de lo que pueda hablarse, que pueda vestirse, que pueda rezarse. Porque de lo contrario, estamos ante el peor de los males: el de la indiferencia.

Miguel Ángel Moreno

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