Es fundamental dejar claro que la fe cristiana es una oferta incondicional de salvación, que llena de alegría el corazón de la persona, porque responde a los dos grandes problemas nunca resueltos del todo que inquietan al ser humano: la falta de amor y la presencia de la muerte.
Pero también importa dejar claro que esta fe no es un consuelo o un tranquilizante que nos encierra en nuestro mundo interior. La fe cristiana se traduce en amor, a Dios por supuesto, pero también al prójimo, siendo este segundo amor la prueba evidente del primero. Un amor en el que no hay asomo de odio, por eso alcanza incluso al enemigo. Para muchas personas lo más significativo de la Iglesia son sus instituciones que ayudan a los pobres, que acogen a los inmigrantes, o que atienden a personas enfermas, solitarias y ancianas.