Lc 2, 48-50: “su madre: —Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo, angustiados, te buscábamos. Y él les dijo: —¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Bajó con ellos, vino a Nazaret y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón”.
Ayúdanos María a crecer desde el silencio como tú. Cuando no entendamos algo, cuando la realidad nos supere y desborde. Cuando el dolor sea grande e inexplicable. Que la fe nos haga crecer en la paciencia y la contemplación del amor divino saque de nosotros la serenidad, la esperanza contra toda esperanza. Amén.