Recientemente visité en una clínica psiquiátrica de la Seguridad Social a la sobrina de una amiga allí ingresada que no conoce a nadie más en Madrid. Como todas las personas que querían ver a los pacientes en las horas estrictamente establecidas, tuve que apuntarme en una lista pegada en la puerta de acceso esperando a que ésta se abriera y alguna enfermera o enfermero me interrogara sobre a quién deseaba visitar y si estaba autorizada. Por supuesto, antes había dejado mis pertenencias, teléfono móvil incluido, en un cajetín ya que todo lo que entre debe de ser supervisado
¿Un abrazo de arrepentimiento o de Adviento?
Paloma Caballero