Tras la Guerra Civil, un Ortega ya maduro escribió uno de los textos que más posibilidades ha abierto, incluso en campos alejados de la filosofía. Es, en suma, otra muestra de la potencia del pensamiento de este maestro
Entre el ser y el estar
El punto de partida es la distinción entre ideas y creencias, expresada en la máxima orteguiana: “Las ideas se tienen y en las creencias se está.” Yo tengo mis ideas y, por lo tanto, puedo verlas, puedo —incluso— cuestionarlas y, por supuesto, desecharlas o cambiarlas por otras. Sin embargo, en las creencias se está: vivimos sumergidos en ellas y, por eso, no las vemos. Constituyen todo aquello que damos por supuesto, lo que se nos muestra transparente; nos condicionan sin que nosotros lo sepamos.