El pueblo judío recibió alegremente a Jesús con palmas y ramos de olivo el Domingo de Ramos y cinco días después, el viernes Santo según la tradición cristiana, pedía a gritos a Pilato que lo crucificara. El gobernador romano se asustó ante eventuales disturbios que rompieran el orden y la estabilidad en la Pascua que se aproximaba y le hicieran quedar mal ante Roma. Fueron los líderes religiosos quienes lanzaron las acusaciones y utilizaron a la multitud para que pidiera la crucifixión.
La Historia prueba que muchos líderes manipulan a los pueblos, hasta para arrastrarlos a guerras que, si harán daño al enemigo también sufrirán en carne propia. Para controlar la narrativa, también pueden utilizar emociones como el miedo, la indignación o el orgullo y actualmente la utilización de la tecnología, la desinformación y la propaganda son vitales para lograrlo. También hay líderes honestos y sociedades que detectan la manipulación y la frenan con educación, controles institucionales y una información libre.