De vez en cuando me encuentro a las puertas de la parroquia que atiendo una bolsa. Una bolsa de plástico, algo cutre, que viene con sorpresa. Está llena de cristos, vírgenes, estampitas, evangelios y alguna cruz. Es alguien que quiere quitar lo religioso de su vida. Probablemente afronta la muerte de su padre o su madre que sí eran religiosos. Y con aquella herencia recibida no sabe qué hacer, prefiere declinar la recepción. Este contenido es exclusivo para suscriptores
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El residuo religioso o la fe molesta
Víctor Chacón