Nunca es lo que ves lo importante.
Y sí el cómo lo miras.
Ante el mismo objeto, ante la misma realidad,
Dos personas experimentan cosas muy diferentes:
Una gozo profundo, admiración, sorpresa…
La otra puede apenas reparar en aquello,
le parece una hoja insignificante, nada especial.
¿Y si renovásemos la mirada?
¿Y si, la pausa, la tranquilidad,
Cerrar los ojos fueran compañeros de camino?
Solo hay que aprender a mirar, guiados por Jesús,
Maestro de miradas serenas y reparadoras,
De encontrar gozo en lo cotidiano.
De no ambicionar demasiado para ser feliz.