San Juan de la Cruz es la cumbre de nuestra poesía y uno de los cuatro pilares españoles del doctorado eclesial. Pero tras el nombre ilustre late una obra profundamente autobiográfica. Más allá de sus influencias renacentistas, San Juan utiliza el verso para cartografiar su propia existencia, transformando sus heridas y hallazgos vitales en el lenguaje más excelso de nuestra lengua.