Un Dios que asombra

Carmen Martínez

En los últimos años se ha detectado un incremento del número de creyentes, sobre todo de la generación Z. Esto ha dado lugar a la formación de nuevos grupos que emplean métodos para conducir la fe que pueden caer en un “reduccionismo emotivista” e impulsar a las personas a ser consumidores voraces de experiencias emocionales.

Las emociones en el acto de fe han ido de la mano de la espiritualidad a lo largo de la historia en muchas religiones. Sobre todo, las positivas: como el asombro, el amor, la confianza, la compasión, la gratitud, el perdón o la alegría. En el sistema límbico de nuestro cerebro se sitúa el “centro emocional”, donde se procesan experiencias trascendentales como la experiencia de Dios que genera asombro. Al experimentar esta emoción, estructuras de este sistema como la amígdala y el hipocampo se activan tan potentemente que el cerebro libera mucha dopamina, que a su vez, activa el sistema de recompensa. Lo que ocurre cuando se utilizan estos métodos de alto contenido emocional, este acercamiento a Dios activa fuertemente este sistema de recompensa y la persona busca (como si de una droga se tratase) este tipo de situaciones para experimentar ese asombro tan gratificante.

Sentir asombro en el primer anuncio es innegable; seguir conociendo, perseverar y vivir el evangelio es otra cosa que va mucho más allá y no sólo se reduce a tener este “chute” de emoción inicial que, por supuesto, el cristiano debe normalizar.

De ahí la pertinencia de que la Conferencia Episcopal Española lance Cor Ad cor loquitur: Una nota doctrinal donde plantea el problema de la afectividad tras el primer anuncio del evangelio y el camino para crecer en la fe, propone el sendero para vivir la bondad del amor Dios de una manera más templada, desde el evangelio. Como dijo Benedicto XVI “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y una orientación decisiva”. Y esta decisión requiere de acompañamiento, formación y comunidad para madurar la fe.

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