Es difícil salir del vértigo. Todo nos invita a actuar. Hay que ofrecer respuestas, agilizar convocatorias, participar en reuniones… pensar soluciones. Nuestra sociedad, también la Iglesia, siente la profunda tensión por estar,hacerse presente, tener su sitio…
El tiempo de Pascua, en este contexto de mayo, invita, sin embargo, a pararse, contemplar y admirar. Porque los signos de Dios son más poderosos que nuestras palabras, su acción salvadora más eficaz que nuestras planificaciones y su proyecto de Pascua un grito de vida que no necesita comentario… Pero nos falta tiempo para contemplarlo.
Mayo es un tiempo privilegiado para admirar el don de la vida, para recrear nuestra condición de hijos. Bajo la mirada maternal de María estamos convidados a atraer toda la realidad al misterio de la Salvación. Es un tiempo que, desde la contemplación, nos empuja a integrar a todos y así superar el pecado de la exclusión. Es el clima cálido que permite abrir las puertas del compromiso cristiano para hacer posible a Jesús Salvador, también para quien no lo busca o cree no necesitarlo.
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Celebrar la vida es celebrar la llamada que Dios nos regala. El día 19 de marzo, festividad de San José, la Iglesia celebra el día del Seminario. Un día para pedir y agradecer porque Dios sigue llamando. En un tiempo en el que pudiera parecer que la juventud está lejos de Dios, quedan jóvenes que ofrecen su vida, que están dispuestos a hacer un camino de fe. Nos acercamos al testimonio de tres de ellos que han comenzado su andaduracomo misioneros redentoristas: Pablo, Antonio y Carlos. Conocerlos nos ayudará a saber por quién oramos.
A veces, me pregunto si no estaríamos mejor sin este mundo tan informado, que nos permite tener un conocimiento de todo, para no hacer nada. Sabemos lo que pasa, pero nuestras manos están atadas y nuestros ojos son incapaces de levantar la mirada. En otras ocasiones perdemos el tiempo en rencillas, dimes y diretes, que nos gastan y no nos dejan esperanza para proyectarla y regalarla al que vive envuelto en sombra.
Tiene más de ochenta años. Prácticamente no oye nada. La postguerra le dejó mermado físicamente. Ha hecho de todo dentro de la vida religiosa: jardinero, superior, ecónomo, portero… y todos con igual dignidad y dedicación. Ahora se encuentra en una casa de mayores que necesitan asistencia. Pasea mucho, lee mucho, reza mucho y come poco. A pesar de sus limitaciones, nunca ha emitido una queja, él vive pendiente de formarse y de sus hermanos. Hace tres años hizo un curso intensivo de actualización misionera. No pierde ni un minuto de tiempo. Le preocupa el futuro de la congregación, pero más que eso le interesa cada uno de sus hermanos. Qué hacen, dónde viven, cómo están situándose en este tiempo… él reza por cada uno de nosotros. Hace tiempo me llegó una pequeña carta escrita con su ajada olivetti. En breves palabras me animaba y se identificaba con algo que había publicado. Y decía “por ahí, por ahí tenemos que ir…”. Leí su carta varias veces, luego la metí en la mochila que siempre llevo conmigo. Cuando la abro o cierro veo su carta, casi amarilla y allí está él diciéndome esas palabras de ánimo y aliento.
Por todos es conocido que uno de los pilares básicos en los que se sustenta la sociedad y la economía española son las personas mayores. Como abuelos prestan un servicio a la institución familiar no siempre reconocido. Ellos se han convertido en «los que siempre están ahí» y esto, sin a veces pretenderlo, los convierte en educadores, y en muchas ocasiones en únicos referentes de una vida de fe.
María enseña a la comunidad cristiana a vivir la confianza y la fe en Dios Comienza un nuevo año civil y se inicia una nueva etapa de esta publicación centenaria y apreciada. Yo también intento empezar una nueva colaboración en estas páginas, que me piden dedique a la Virgen María, nuestro Perpetuo Socorro. No es la primera vez que lo hacen y no quiero resistirme de nuevo. La oferta es atractiva y arriesgada. Vamos a tratar de ponerla en marcha y comencemos por el principio; quiero decir, por el 1 de Enero. Ese es el día en que la Iglesia celebra la Maternidad de Santa María. Actualmente vivimos una etapa histórica, en un contexto socio-cultural, donde la maternidad resulta poco apreciada. Tanto la maternidad como la paternidad -que le está inseparablemente unida-, introducen en la vida de las personas que la viven un plus; un salto cualitativo de maduración humana y personal. Dicho crecimiento es más significativo cuando se vive la primera maternidad, pero también se da -si ocurren- en las siguientes maternidades. Como todo desarrollo personal, ya acompañará para siempre. Introduce en la vida de quien la experimenta una novedad tan radical, que determina el resto de la existencia: para siempre se será inevitablemente madre o padre.
La revista ICONO empieza el nuevo año de tu mano y para darte la mano. La fragilidad que evoca nuestra portada, manifiesta con la misma fuerza, que vivirás cada mes la compañía de muchos que con nuestra revista están contigo. Parece una red muy frágil… no lo es tanto, ampara de la inclemencia; parece que se va a romper, no es así, los vínculos de la fe y el compromiso son firmes. Es una red real, trenzada con esfuerzo y tiempo. No tapa la vida, la transparenta… Porque lo importante, al empezar un año nuevo con Dios, es dejarlo que pase a la vida, que la ilumine y ésta muestre todo su color.
Jesucristo lo encamina a la Congregación del Santísimo Redentor En Granada, lugar donde Jesucristo suele encontrar personas dispuestas a seguirle, puso su mano sobre el hombro de Miguel. Pretendía seguir los pasos de Antonio Gaudí, cuya originalidad arquitectónica admira. Jesús le mandó “bajar del elefante” y seguir los pasos de S. Alfonso, que también bajó de la montaña, y ponerse en contacto con la gente humilde.
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El día 13 de Noviembre, a las 12:30 horas, comenzaba la ordenación sacerdotal de Miguel Castro, teólogo redentorista. El P. Miguel, además de redentorista, o mejor antes, fue olivarero de Fuerte del Rey, Jaén. Y es que no sólo las espigas y las uvas remiten al orden sacerdotal, también el aceite, está presente en varios sacramentos. En la vigilia de oración, que tuvimos la noche anterior, los jóvenes resaltaron que Jesucristo llamó a Miguel entre los olivos. Entre olivos rezó Jesús después de instituir la Eucaristía en la Última Cena y antes de derramar su sangre en la Cruz.


