Nuestra portada del mes del Perpetuo Socorro, es el mundo reflejado en una patena. Cada celebración, cada encuentro de cristianos para abrirnos a la voz del Espíritu, no es otra cosa que recibir todo el amor del mundo.
La Iglesia a través del Papa Francisco ha abandonado discursos pulcros y extensos, para ofrecernos pequeñas pinceladas claras y directas. Francisco ha devuelto a la voz de la Iglesia que todo el amor del mundo se tiene que manifestar en un amor predilecto por los pobres, por un beso al enfermo o por algo tan sencillo y difícil como dominar la lengua. Sí, todo el amor del mundo pasa por un cambio de mirada. Dejar de ver la realidad con nuestros ojos para verla con los ojos de Dios. Así las cosas y acontecimientos; los rostros, sobre todo los rostros, dejan de ser anónimos y distantes para ser hermanos. Ver a los demás con los ojos de Dios quizá no nos permita ni la murmuración ni el descrédito; nos aleje de la parcialidad de ver a unos como los míos y a otros como los que están contra mí. Quizá esa mirada nos convierta y así, en verdad, podamos ofrecer la comunidad que camina hacia el Reino y que es la Iglesia.
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NUEVOS SACERDOTES PARA EL SIGLO XXI El pasado 27 de abril fueron ordenados sacerdotes por Mons. J. Ignacio Alemany, CSsR, dos jóvenes redentoristas en el Santuario de Ntra. Sra. Del Perpetuo Socorro de Granada, Víctor y Damián María. Ellos, colaboradores habituales de nuestra revista, nos cuentan quiénes son y hacia dónde encaminan sus pasos tras recibir el sacramento del orden. Dos testimonios, dos hombres que quieren afrontar el momento presente como lo que es “tiempo de Dios” y desde ahí desgastarse llevando la Buena Noticia de la Redención a todos.
Es hora del buen tiempo y es la hora también de quienes tienen que anunciarlo. Ya lo hemos dicho muchas veces: constatar lo que no funciona no tiene mérito. La Iglesia y las comunidades cristianas en ella, necesitan dinamización y vida: anuncio de posibilidades y esperanzas, proclamación reiterada de que la primavera está aquí. Parece que estamos en un tiempo de Iglesia favorable. No es que el Papa Francisco haya formulado nuevos credos, ni cambiado dogmas. Tan sólo nos ha pedido que oremos por él, vivamos la misericordia y lo ha mostrado besando a los niños enfermos. Sólo unos gestos han bastado para que la comunidad cristiana se dinamice e intente ser mejor. Nos ha ayudado con su actitud a no recrear miserias y abrirnos a la posibilidad atractiva del evangelio. Si esto lo llevamos a cada parroquia, a cada grupo y a cada familia, la revolución cristiana es imparable. Porque nuestra fuerza no son los textos, ni las programaciones; nuestra fuerza reside en quien lo dio todo por amor.
Han aparecido ríos de tinta describiendo cómo es y cómo no es el nuevo Papa. Se trata de la tensión por estar al día, conocerlo todo en cuestión de segundos, aunque, en realidad este acontecimiento lo que necesita es poso y reposo para poder integrarlo y que así de fruto. Es el tiempo de la Pascua, el anuncio de la vida y es, sobre todo, la actualización de esa vida en Jesús el Cristo que, una vez más, insiste en aquello de hacer nuevas todas las cosas, todos los sitios, todas las personas y todas las esperanzas. La Iglesia necesita la Pascua, porque es lo que quiere testimoniar, su razón de ser, su vocación profunda. Impregnar la vida y las relaciones de la fuerza regeneradora de Dios es la tarea evangelizadora de este tiempo. Llenar de Pascua lo que hoy son círculos de silencio, vacío o egoísmo. Convertir nuestras comunidades cristianas en el signo imborrable de que la Pascua nos congrega y empuja cambiando las escalas de valores y los criterios de relación.
Paz y Bien: Que el Señor os bendiga. Orad por vuestro obispo.El nombre de Francisco, que el Papa ha querido darse, proyecta en el futuro de la Iglesia los rasgos de una comunidad pobre, que se sabe muy amada de Dios y que vive enamorada de su Señor. El nombre de Francisco habla de amor a Cristo, amor a la Iglesia, amor a los pobres, amor a la pobreza. El nombre de Francisco evoca un mundo de hermanos, un mundo que ha de ser amado y respetado porque es criatura de Dios, que en la creación nos ha dejado la huella de su amor. En esta hora tan hermosa de la vida de la Iglesia, quiero asumir con vosotros un compromiso de humilde ayuda al Papa Francisco: Que no le falte nunca la gratuidad de nuestra obediencia, el obsequio de la reverencia, el consuelo del afecto, la solicitud de nuestra oración. Que no le falte al pastor, por su vida entregada al servicio de la grey, el agradecimiento afectuoso de los fieles. Queridos: Con todos vosotros, doy gracias al Padre del cielo, a su Hijo Jesucristo nuestro Señor, al Espíritu que guía los pasos del pueblo de Dios, porque hoy, día 13 de marzo de 2013, ha dado a su Iglesia un Pastor que, desde la cátedra de Pedro, con la palabra y el ejemplo, la confirme en la fe y la lleve a recorrer sin temor y con amor los caminos del mundo, en los que se mueve una humanidad hambrienta de esperanza.
No es un mensaje nuevo, ni mucho menos. En la vida de la Iglesia nos hemos repetido, muchas veces, que hay que saber peregrinar y parar; contemplar y recrear; admirar y proponer. Y esto no se logra si no es con paz interior. En nuestra vida de cristianos y en las comunidades donde alimentamos y compartimos la fe, no es infrecuente estar saturados de reuniones, encuentros y convocatorias. Se suceden los «anuncios para anunciar» que subrayan el valor de vivir y sin embargo, no dejan tiempo para la vida. No hace mucho asistí a una celebración en la cual los anuncios de convocatorias eran más extensos que la duración de la misma celebración. Pertenecemos a la era de la programación en la que, casi por supervivencia, hemos de mostrar que estamos vivos programando, proponiendo y coordinando.
En 1732, en una pequeña aldea del sur de Italia llamada Scala, San Alfonso Mª de Ligorio fundaba la Congregación del Santísimo Redentor, popularmente conocida como Misioneros Redentoristas. Eran un puñado de misioneros que se dedicaban a anunciar el Evangelio a los más abandonados, a través de las misiones populares. Aquel pequeño grupo, que nació con no pocas dificultades, no se imaginaba que acabaría siendo muy numeroso y extendido por todo el mundo, también en España. Pero los caminos del Señor no son nuestros caminos, y ahora nos toca narrar y celebrar esta historia para mostrar cuál fue el camino que condujo a los Redentoristas a establecerse en España.
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Queridos hermanos y hermanas
150 aniversario (1863-2013)


